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REFLEXIONES DE LA PLÁTICA: “NAVIDAD Y MERCADOTECNIA

 

No es fácil, y menos en estos tiempos, hablar y festejar el nacimiento de Jesucristo. No es para nada sencillo si pensamos en los niveles de violencia que, ya no día a día padecemos, sino que segundo a segundo… Lamentable situación que podemos resolver, aunque sea un una millonésima de milímetro, si por lo menos cada uno nos abstenemos de soberbia y orgullo, dedicándonos a pensar y hacer por nosotros y nuestro prójimo, lo mejor que podamos en bien del universo… Sí, en  bien del universo. No es ironía decirlo si tomamos en cuenta que todo modifica a todo y, sobre todo cuando es para bien, cuando nos abstenemos de dañarnos y en consecuencia a los demás,  sembrando caricias,  abrazos, palabras amorosas a quien amamos e incluso a quien nos odia.

La interrogante fue transmitida a los jóvenes y adultos: ¿qué festejaremos esta Navidad con motivo del nacimiento del Niño Dios? Si somos miserables, sólo una tradición en sus causes de dogmas y fanatismos. Si somos miserables y engreídos festejaremos alcohol, oro, dinero, joyas…Es decir al polvo de los polvos: mercadotecnia pura.

Pero el mayor festejo es aquel en que nos festejamos de manera espiritual, atendiendo a las enseñanzas de este maravilloso hombre de la cristiandad que predicó su frase más perfecta: AMOR: alquimia de las emociones y de los sentimientos que todo lo vuelven sabio y hermoso por todas las bendiciones que nos trae la Humildad.

Pero, en esta ocasión, por lo menos es lo más probable, lo que habrá en más será el festejo de un evento que se quedará en el brindis, la cena, los regalos, y que pasará de largo sin que nazcamos a cada momento: situación difícil, pues estamos acostumbrados a las conveniencias, y sólo muy pero muy pocos, le pondrán un nacimiento a Cristo en sus almas, en sus corazones, en sus pensamientos y lo más importante: en sus actos.

Yo acostumbro llamarle a Jesús el Científico de las Emociones. Su capacidad para desarmar los puntos ciegos que nos vuelven inconscientes es admirable. Y lo hacía de manera estricta porque era (es) congruente con lo que decía y hacia; porque era justo, y esa actitud lo ha hecho vivir en la memoria colectiva más de dos mil años. Me pregunto cuánto nos recordarán a cada uno de nosotros.

Es por ello que esta Navidad debemos intentar subir al nivel del Niño Dios, ejerciendo el más milagroso de los

actos humanos: la generosidad en todas sus semillas y especies.

 

HÉCTOR ESQUER       

EDITOR: MARIO O. DÌAZ DE LEÒN JASSO

TEXTOS:HÈCTOR ESQUER QUIÑONEZ

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